Los taxistas-rickshaw walas: pillos como nadie, genuinos ‘Made in India’.

Hay días que los odias, que les morderías un brazo,  y otros que, sin embargo, pasas de la piadosa comprensión al diálogo amistoso y cachondo. Durante la Eurcopa me tocó vivir una experiencia de esas últimas cuando, para mi sorpresa, un “rickshaw wala” (el conductor del tradicional taxi ahuevado de tres ruedas) me felicitó de manera efusiva por la victoria de España frente a Portugal (en un país en el que el fútbol sólo tiene una limitada presencia en el sur y en el este frente al omnipresente crícket), para terminar charlando sobre nuestras familias y despedirnos con un caluroso apretón de manos, y eso que me había enfado con él porque aunque en un principio me había dicho que conocía la dirección de destino, fue mi vago recuerdo del lugar el que nos permitió llegar a puerto y no continuar eternamente dando vueltas por la zona…

Rickshaw en Delhi / Moncho Torres

Para un extranjero, en general, no resulta fácil entablar conversación con un “rickshaw wala”  (RW) porque, en primer lugar, su conocimiento del inglés suele ser muy limitado y el tuyo del hindi se limita a hola, todo recto, para, gracias. Además, a diferencia de otras partes del mundo, el marcado clasismo que existe en la India hace muy complicado que alguien que se encuentra en una situación económica claramente más desventajosa que la tuya trate de entablar conversación contigo (puedo contar con los dedos de las manos las veces que he intercambiado más de una decena de palabras con un RW), por lo que los trayectos en rickshaw suelen ser más bien silenciosos en el aspecto más humano de la expresión, que no en el maquinario: la bocina, majestuosa, reina en el territorio de asfalto como único modo de supervivencia ante la plaga de la colisión inminente.

Carrera de rickshaws / Moncho Torres

Recuerdo, no hace mucho, como tuve que rogar a un RW que, por favor, dejase de tocar el claxon porque el hombre, como si de un tic nervioso se tratase, sin pausa, le daba al pito cada 10 segundos. ¡¡Cuántos accidentes evita ese enloquecedor mugido que avisa de tu proximidad a otro alocado vehículo!!  Unos RW que son como soldados en la primera línea del frente, capaces de enfrentarse a los poderosos y ‘elefantísticos’ autobuses o a los arrogantes todoterrenos, maestros en el arte de filtrarse por los espacios más insospechados, de adelantar entre las líneas enemigas como piezas de un tetris, de arriesgar su integridad y recorrer trayectos en sentido contrario, con su arma el claxon como única defensa.

Los “rickshaw wala”  son gente especialMajestuoso rickshawala / Moncho Torres

El primer reto cuando te enfrentas a ellos es tratar de pactar el precio final de la carrera, ya que el uso del taxímetro resulta anecdótico y sólo los más benévolos o muy pillos (que saben que te podrán tener dando vueltas por mucho tiempo) se dignan a utilizarlo.  La vía más común es otra: el regateo. Metodología: dices el destino, si no les apetece ir a ese lugar se marchan sin mediar palabra y, si les parece bien, te piden un precio razonable o una burrada por el viaje (el doble, incluso el triple del precio real); entonces tú le dices que está loco y te vas (si es que  hay más rickshaws disponibles) o tratas de bajar el precio, que puede acercarse al precio real si conoces cuánto cuesta y te muestras seguro o lograr, simplemente, que no sea un timo absoluto.

A modo de ejemplo está la carrera desde mi casa en el sur de Nueva Delhi hasta mi oficina en el céntrico Connaught Place: 72 rupias (algo más de un euro) con taxímetro, por un recorrido de unos 15 kilómetros. Sin embargo, el RW, por esos 30 minutos de recorrido, me suele pedir, sin excepción, 150 rupias, algo que tras el regateo suele quedar en 80 rupias -si no voy con prisas- o 100 -si me apuran las agujas del reloj-.

Pero las situación puede ser diferente si el lugar en el que decides ir a buscar el taxi ahuevado es una parada de rickshaws, donde los RW, unidos, se hacen más fuertes, y suelen fijar un precio entre ellos y, a no ser que haya algún esquirol, se muestran intransigentes a la hora de rebajarlo. A veces, como me recomendó un amigo indio, se puede fingir que llamas a la policía para que cedan, otras, como me comentó una amiga española, sentarte como hace ella en el rickshaw, negándote a bajar, hasta que accedan y ponga el taxímetro. ¡Cuánta paciencia!

Taxímetro / Moncho Torres

Otro problema son las noches y la llamada ‘tarifa nocturna’, que dispara el precio de la carrera hasta un mínimo de un 30%. A lo que hay que sumar la peligrosidad de que te lleva alguien, por lo general, con muy pocas horas de sueño, para el que conducir con los ojos cerrados, abriéndolos esporádicamente, es suficiente para amansar sus ansias de sueño y no estrellarse durante el trayecto. ¡¡Cuántas veces he tenido que sacudir al conductor, hablarle, para que no se durmiera!! La última vez no era de noche, sino que pegaba el implacable sol de la 1 del mediodía y claro, como era hora de la siesta, pues pasó lo que tenía que pasar: el rickshaw empezó a ir a relentí y a girarse a la derecha, entonces eché una mirada al retrovisor, ¿y qué me encontré?: unos ojos  completamente cerrados. Lo sacudí, se espabiló unos minutos pero, al poco rato, otra vez, y otra, y otra…

Dormilón rickshawala / Moncho Torrres

Retrovisor: salvavidas y muestra de amor

En los rickshaws suele haber dos santuarios: uno detrás del manillar (dedicado a los dioses inmortales como Hanuman -dios con forma de mono- o Ganesha -dios con cabeza de elefante-) o el retrovisor (dedicado a los dioses terrenales de la galaxia Bollywood). Ahí, en el retrovisor, según la madurez del conductor, se encuentran actores y actrices más actuales o de décadas pasadas. El formato, siempre el mismo: una pegatina con forma de corazón (muchas veces recortada a mano): a un lado, el actor (desde Sharukh Khan, Hrithik Roshan o Aamir Khan, al mítico Amitabh Bachchan), al otro, la actriz (Katrina Kaif, Kareena Kapoor o la ex Miss Universo Aishwarya Rai).

Amores rickshawala: Aishwarya Rai y Shahrukh Khan / Moncho Torres

Y, entre dioses hindúes y estrellas de Bollywood, ese santo-gurú que fue Shirdi Sai Baba, cuya imagen se encuentra en primera posición entre todas las que se pueden encontrar en un rickshaw. Sai Baba, de barba blanca, con su postura habitual: sentado descalzo, con la pierna derecha apoyada sobre la rodilla izquierda y con la mano colocado sobre el pie. Una postura muy india, muy “rickshaw wala”.

Imagen de Sai Baba / Moncho Torres

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Carmen dice:

    Qué bien moncho! M.alegro mucho d volver a leerte! Sigue escribiendo q tengo ganas d conocer tu versión de la india!

    Un abrazo enorme d tu compi

    1. Moncho Torres dice:

      Esa Carmen!! Cómo me alegra que conozcas mi India. Cuanto más tiempo pasa más ganas tengo de escribir sobre ella. Muchas gracias por leerme, compañera. Un besazo!!

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