El Congo y sus miserias (viaje: marzo 2009)

(Texto publicado en la revista Gente Grande, perteneciente a la organización Bilaketa, en mayo de 2009)


Hace algo más de un mes que regresé de la R.D. Congo. Un país que, y quiero dejarlo claro desde un principio, nunca habría podido visitar sin la ayuda incondicional que recibí de Bilaketa. Dicho esto, me queda recordar, tratar de expresarles qué me he traído de allá. Esos hechos que, un día tras otro, rumian en mi cabeza con un fin que desconozco. Quizá enseñarme más sobre la vida, aportarme un significado a todo aquello que vi y no comprendo, a la abundancia de España y Occidente enfrentada a su miseria, sus atrocidades, a la destrucción.

Charco expresionista, calle Goma / Moncho Satoló
Charco expresionista, calle Goma / Moncho Satoló

La R.D. Congo es un país muy extenso, demasiado. De norte a sur existe la misma distancia que de Varsovia a Lisboa. La situación económica, en todo el territorio, es pésima. Sin embargo, la guerra, las matanzas entre diferentes etnias por el control de los yacimientos de oro, diamantes y coltán, se reduce al noreste del país, a las regiones de Kivu Norte, Kivu Sur y la provincia Oriental. Durante el mes que permanecí en la R.D. Congo viajé únicamente por la provincia de Kivu Norte, sobre todo por los alrededores de su capital, Goma. Una ciudad dominada por un imponente volcán que, hace no muchos años, en 2002, sepultó bajo la lava muchos de sus barrios. Goma, una ciudad de casas bajas y chavolas, de calles de arena y asfalto repletas de agujeros, sucia, con montañas de residuos amontonadas por doquier, caótica, con un tráfico numeroso que desconoce las reglas de circulación.

Y sus gentes. Uno escucha, intenta que le narren su historia. Y cuando lo hacen,  cuando asimilas lo que han dicho, nada vuelve a ser igual. Nada. “¿Si maté a alguien? Claro que maté a alguien. He perdido la cuenta de cuántos maté con mi fusil. Cuando lo hacía con el cuchillo, mis superiores me decían que debía saborear la sangre de la víctima para protegerme”. Así, con esta frialdad, me relataba Sadiki su experiencia, un joven soldado de 16 años que llevaba desde los 12 en el ejército. “A Asha la encontraron junto a su madre muerta, colgada de su pecho. Unos vecinos, mientras escapaban de los ataques de los rebeldes, la vieron y se la trajeron hasta aquí”. Este testimonio procede de una de las cuidadoras del orfanato de Don Bosco, dirigido por un misionero venezolano. Asha tiene ahora dos años. “Tuvimos que huir. Los rebeldes comenzaron a asesinar gente, quemar las casas, violar a las mujeres. La mayoría de mi familia fue asesinada: mi marido, tíos, primos. En mi pueblo me dedicaba a la agricultura, aquí no sé qué hacer”. Ese ‘aquí’ es un campo de refugiados a las afueras de Goma, donde cientos de tiendas de plástico y madera se apelotonan sobre una tierra que torna barrizal cada vez que llueve. A esta mujer, envejecida y con la dentadura podrida, sólo le queda su hija de cinco años.

Orfanato de Don Bosco / Moncho Satoló
Orfanato de Don Bosco / Moncho Satoló
Niños malnutridos en Don Bosco / Moncho Satoló
Niños malnutridos en Don Bosco / Moncho Satoló

Y uno se pregunta cómo hacen para seguir viviendo, para no derrumbarse, para, pasito a pasito, seguir caminando. Mujeres que trabajan como mulas de carga a cambio de unos pocos céntimos para sus hijos; niños de la calle que sueñan con estudiar y conseguir un empleo; universitarios idealistas que creen que un día la corrupción y la guerra desaparecerá de la R.D. Congo y, cuando esto suceda, ahí estarán ellos para darle el impulso definitivo hacia la prosperidad. Una prosperidad que, en estas latitudes, significa contar con educación gratuita, tener algo que llevarse a la boca y poder trabajar en paz.

Aula en el centro de acogida para niños de la calle de Don Bosco / Moncho Satoló
Aula en el centro de acogida para niños de la calle de Don Bosco / Moncho Satoló
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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. europressos dice:

    El mundo gira porque hay gente que, “pasito a pasito”, lo hace funcionar…son tus protagonistas, de los que sólo vemos las piernas en tu foto, Moncho, y que en estas latitudes poco importan. Hasta que una cámara y una mirada llega con ganas de contar y de traernos esas historias. Gracias por haber luchado tanto por ellas y gracias, por adelantado, por las que pronto nos darás.

    1. sandra dice:

      me da vergüenza ver como el ser humano es tan miserable .porque tienen que vivir así si somos todos hijos de un dios que quiere lo mejor para todos .soy sandra

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