Fotografía en movimiento, Goma / R.D. Congo

Cortina columpio / Moncho Satoló
Cortina columpio / Moncho Satoló

Se me ha estropeado el ordenador y escribo desde el portátil de mi nuevo amigo Samuel, un catalán que trabaja para la ONG Payasos Sin Fronteras y que se encarga de preparar toda la logística necesaria en el terreno, con el único fin de que los payasos al llegar sólo se preocupen de arrancar carcajadas. Samuel también es fotógrafo. Explico esto para justificar la ligereza de este texto, porque me pone de los nervios el tratar de repetir un relato que ya tenía terminado en mi ordenador. Aunque, pensándolo mejor, me parece de mal gusto quejarme después de haber visto las penas que padece este país, sólo porque mi bien de lujo se haya ido a la mierda.

Los omnipresentes moto-taxi / Moncho Satoló
Los omnipresentes moto-taxi / Moncho Satoló

Hoy uno de los camareros del hotel, agradable pero un poco simple, me ha pedido, con seria dificultad por su limitado inglés, si le podría regalar unos zapatos. Durante la entrevista a un ex- niño soldado, éste me comentaba que si se le presentase la oportunidad volvería a las armas. Su justificación es simple: antes podía obtener todo lo que quería, aunque fuese por la fuerza. Sin embargo ahora, desde la desmovilización, contaba con una única pieza de ropa, y afirmaba que lo que más deseaba era una camiseta y unos zapatos nuevos. Entrevisté a un niño de la calle. Me dijo que el motivo por el que se había marchado de su casa fue porque le habían robado su bicicleta. Es decir, después del robo, había perdido su herramienta de trabajo, con la que transportaba agua y otros productos. Su madre y su padrastro, tras tan preciada pérdida, comenzaron a pegarle. Decidió huir de casa. Dice que no volverá hasta que consiga una bicicleta nueva. De esto hace ya dos años. Tiene 13. Y yo… En fin.

Agua amarilla / Moncho Satoló
Agua amarilla / Moncho Satoló

¿Y de qué trataba el texto perdido? De la dificultad de sacar fotografías en la R.D. Congo. Y es que, ante todo, debemos tener en cuenta que ese acto japonesiano está totalmente prohibido en el país. Antes de viajar a la R.D. Congo contacté con un coleccionista catalán de arte africano llamado Pep. Me avisó al respecto, narrándome su propia experiencia de como, tras fotografiar una casa derruida en Kinshasa, fue denunciado al instante a la policía y encerrado. La rápida actuación de la Embajada de España en Kinshasa evitó que se prolongase su estancia en la cárcel, siendo liberado a las pocas horas. Por lo que, en mi segundo día en Goma, concerté una cita con un funcionario local y accedí a pagar 250 $ por el permiso de prensa que me permitía trabajar en la provincia de Kivu Norte. Pero ahí no se acaban los problemas. Después está la gente, los civiles en general. Exceptuando a los niños, que se vuelven locos de alegría cuando se les fotografía, haciendo todo tipo de gestos y piruetas (alegría que se multiplica al verse reflejados en la diminuta pantalla de la cámara digital); los mayores se muestran reticentes ante la posibilidad de que se les retrate. Su principal motivación: el dinero. Están convencidos de que obtendremos unas sustanciosas ganancias por publicar las fotos en nuestros respectivos países y quieren hacerse partícipes de ellas. Personalmente, nunca he pagado. Me parece un chantaje, más atendiendo al semblante huraño con que lo piden. Sí no quieren, me voy a otro lado.

Preciada agua / Moncho Satoló
Preciada agua / Moncho Satoló

Sin embargo, he encontrado el modo ideal para fotografiar sin problemas (akuna matata): aprovechar mis prolongados desplazamientos en coche y fotografiar desde él. Es cierto que debo evitar que las numerosas moto-taxi no atraviesen la imagen, que no salga la foto movida por la velocidad y los baches o que la ventanilla no aparezca en el encuadre. Pero es entonces, cuando se superan estos obstáculos, que el verdadero rostro de África se muestra ante mí.

El pueblo congoleño posee una historia nómada que no ha abandonado. Las carreteras se encuentran plagadas de gente caminando, mientras la luz perdura, en ambas direcciones. Niños acudiendo a la escuela, hombres que van a trabajar, mujeres y críos cargando todo tipo de productos: harina, patatas, carbón, agua, mucha agua (transportada en unos característicos recipientes amarillos). Modo de hacerlo: cargando a la espalda, utilizando la bicicleta que todos conocemos o la bici local de madera llamada chukudu. Y siempre al máximo de sus posibilidades. Se trata de un empleo común entre los desempleados. Por cada trayecto consiguen unos 200 francos congoleños, es decir, una 23 céntimos de dólar. Y con frecuencia, en la parte frontal o en la espalda de la mujer, colgando, un bebé.

Cómo pesa / Moncho Satoló
Cómo pesa / Moncho Satoló
Chukudu, el burro congoleño / Moncho Satoló
Chukudu, el burro congoleño / Moncho Satoló
Todo puede ser llevado en una bicicleta / Moncho Satoló
Todo puede ser llevado en una bicicleta / Moncho Satoló
Demasiado trabajo / Moncho Satoló
Demasiado trabajo / Moncho Satoló

Pero ahí no se termina todo. Luego están los interminables puestos ambulantes de frutas y verduras, gasolina (que venden en pequeñas botellas de agua) o puestos de ropa. Niños siempre sucios, con la ropa rasgada al disponer, la mayoría de las veces, de una sola prenda. O el agetreo constante de la ciudad, donde la gente atraviesa la carretera sin importarle el tráfico. Un tráfico alocado donde el carril de una sola dirección parece no existir (cualquier obstáculo, sea peatón, hueco, cabra o chukudu, obliga a saltarse la ley). La policía, indiferente. Soltando algún porrazo de vez en cuando, pero más preocupada en revisar los docuementos del coche o de la moto en paradas rutinarias, para, ante la más mínima infracción, inventada o real, sacar unos cuantos dólares al conductor. En nuestro caso, January, mi conductor, debio pagar 5 $ para que le permitisen continuar.

A repostar / Moncho Satoló
A repostar / Moncho Satoló
El polvo y la suciedad se adueña de los niños / Moncho Satoló
El polvo y la suciedad se adueña de los niños / Moncho Satoló
A coser / Moncho Satoló
A coser / Moncho Satoló

Es la vida de esta África que, cuando la logras plasmar, te sabes partícipe de un momento mágico.


Hasta el atardecer / Moncho Satoló
Hasta el atardecer / Moncho Satoló
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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. carmen dice:

    ups q putadilla el ordenador…
    hasta cuando te queda todavia alli??
    joo a ver cuando te veo para oir el relato en primera persona y ver las fotos q seran increibles!

  2. Campeón no te preocupes del ordenador, ya te la arreglarás, verás como sí, y a la vuelta si hace falta, te conseguimos uno. Tú no te preocupes por esos temas e intenta vivir, como bien dices, esos “momentos mágicos”. Cuídate y un abrazo, Salva.

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